martes, 22 de septiembre de 2009

¿Y ahora?

Se acabó. Y se acaba hoy. Ni el uno de septiembre, ni la tarde del primer examen, ni el día que amaneció y se acostó lloviendo.

Se acabaron los pantalones cortos. Los tintos de verano que se bebían otros. El abanico en el bolso. Rebozarse en la arena. Simplemente leer. Hacer el tonto, por hacerlo. Los batidos exagerados y el granizado de limón. Ver series de televisión por quinta vez. Ponerse cualquier cosa para todo. La petanca y los juegos de verano. La siesta de cuatro horas y su dolor de cabeza posterior. Se acabó secarse el pelo al aire, el moreno y el aparcamiento en mi barrio. Bajar toldos y persianas. Tres duchas diarias y disfrutar del agua fría al final. Recibir una postal diaria, y escribir tirada en la toalla.

Ahora hay que despegarse las chanclas de los pies, peinarse de vez en cuando y ponerse un abrigo que al principio parece que pesa tres kilos. Cargar con la agenda. Estrenar cuadernos y comprarse los rotuladores más ergonómicos, fluorescentes y modernos del mercado. Para dejar inacabados los primeros, y que los últimos no funcionen a los dos días. El puré de calabacín y las lentejas. Las reuniones familiares completas y mi culo al Bernabeu. Reducir las medidas de tu coche, porque ahora entra en cualquier sitio. Y saber que del estrés, te vas a quedar calva.

Se acabó París, ¿y ahora qué?...

A empezar con ganas, que lo importante es dónde quieres acabar, y dónde acabas.