sábado, 27 de febrero de 2010

El día en el que Marisol se sintió orgullosa

¡Qué bien se lo pasan estos chicos! Preguntad a cualquier adulto, -más adulto que un estudiante de facultad, que lo somos a veces-, cómo es la vida del estudiante y la respuesta se parecerá mucho a eso. No seré yo quien le quite la razón al pobre adulto, que bastante tienen con saber que esa época, cada vez, es más lejana.

Y como hoy estoy de buenas, les vamos a dar la razón en otra de sus sentencias favoritas: “si te esfuerzas lo suficiente, al final verás la recompensa del trabajo bien hecho”. Estos mayores, ¡qué sabios oye! Unas cuantas quedadas después, algunos gritos, ensayos, problemas con la iluminación, y ya tenemos algo más de conocimiento: el “recortar-pegar-pintar” de primaria es de las cosas más útiles en esta vida y Marisol no estuvo sóla en Tengo el corazón contento ¡Ya nadie falla la pregunta!

Un Palito Ortega con un moonwalker de infarto renueva a una Marisol, que si nos ve, estoy segura que nos solicita audiencia privada. Y a las armaduras ni caso, vosotros fijaros en los dos bailarines, que herencias universitarias prefiero dejar otras. Eso sí, el equipo, siempre atento a mis torpes movimientos, se merece un aplauso.

viernes, 26 de febrero de 2010

¿Bendito día los viernes?

Tengo muchos compañeros en la facultad. Los viernes en clase son peor que aburridos.
Ambos sintagmas son completamente veraces. No son una verdad única, pero el periodista. -en este caso yo-, ha cumplido con todas las exigencias de la diligencia debida. Tampoco son objetivos, pero desde el momento en el que Yo soy yo, y Tú eres tú, nada lo es. Por tanto, no cabrá alegato posible para pedir la rectificación de las afirmaciones referidas.

Y es que los viernes no son los días de las prácticas divertidas, en las que te envuelven en papel albal, (literalmente, hay pruebras gráficas que podrán ser presentadas como elemento de prueba ante un tribunal), ni en las que pierdes una hora tras otra en el laboratorio de avid y, menos aún, en las que toqueteas botoncitos en el estudio o no paras de pegar gritos. Tampoco son los días de las amenas clases teóricas; ¿pero tenemos alguna este semestre y yo no me he enterado?

No, al viernes le han nombrado el "día del derecho". Porque quien me diga que derecho a la información es una asignatura de periodismo por el mero hecho de que se inserte en su plan de estudios, miente tanto como aquel que me niege que yo esta materia ya la aprobe en segundo, pero entonces llevaba otro nombre.

Yo creo que los (siempre, siempre, siempre*) competentes encargados de elaborar los horarios en la URJC pudieron tener dos objetivos:

  1. Nombrar a los viernes, en realidad, "el día coñazo". Una carga teórica un tanto espesa. Un profesor novato al que hay que apoyar en cada afirmación, porque se nos pone nervioso. Y otro que a la que pone de los nervios es a Romero.
  2. Nombrar a los viernes, en realidad, "el día suculento". Suculento porque las tres clases que yo tengo te invitan a finalizar tu semana lectiva los jueves. Pero no, ahí está el que me pone de los nervios, que tiene un ojo clínico para quedarse con cada movimiento que emites.
Ante tales antecedentes de hecho, supongo que ya no extraña que yo me cuestione la supuesta beatificación de los viernes que defendía el año pasado, cuando directamente lo incluía dentro del fin de semana.


* ¿Judas no negó tres veces?

lunes, 8 de febrero de 2010

Pues sí, sí que salen hemorroides

14:45h. Llueve. Metro dirección Universidad. Ipod y lectura. Lo de siempre, -los días que me vuelvo mortal y bajo al subterráneo-. Tu cabeza está inmersa en una paradoja: concentrada en lo que le entra por los ojos y oídos pero, al mismo tiempo, no atiende ni a la música, ni a la revista. Ella viaja sola.
En la penúltima estación, que tiene la virtud de darte la oportunidad de dormirte y pasarte la parada, -¡qué pena!-, encuentras un pequeñísimo artículo en tu revista prohibitiva, (no sólo por el precio), que te devuelve al vagón.
Por su alto contenido informativo, que tiene mucho, (yo al menos creo haberlo comentado más de un par de veces), me veo en la obligación de volver a dar, una vez más, este consejo. Ni el año nuevo, ni las fêtes des lumières à Lyon, ni el estreno de semestre, ni las Navidades...¡Este es el post que conseguirá re-engancharme!...(¿re-engancharme?, ¿seguro?).

¿Puede ser perjudicial para la salud pasar excesivo tiempo leyendo encima de la taza del inodoro?

Ante cuestiones de este tipo, lo mejor es recurrir a la opinión de los expertos. Según el doctor David Gutman, fundador de la Asociación de Especialistas Avanzados en Hemorroides, con sedes en Mentor y Akron (Ohio).
La respuesta, lamentablemente, es que sí. Como él mismo explica, "en el canal del recto se localizan unas estructuras anatómicas como pequeñas bolitas que, cuando se estiran durante más tiempo del recomendable, (como el que puedes pasar leyendo encima del retrete), se llenan de sangre, por lo que se hinchan y provocan la aparición de las hemorroides".

(Preguntas insolentes en el Check In de la revista Esquire)