viernes, 30 de abril de 2010

Dos cafés en la facultad

Una es Crispu y la otra Almu. Con ellas, he de reconocer que la primera etapa post-erasmus en el campus no ha estado mal. Complicidad conseguida con miradas que aclaran conversaciones demasiado directas, pero que se encajan con mucho humor.

Dos de mis cafés favoritos en la facultad, porque siempre hay una historia que contar, y otra que escuchar.



martes, 27 de abril de 2010

Una tarde con Iris Zavala

Iris Zavala, o Titi Iris como a mí me la presentaron, llegó tarde por culpa del avión y de su costumbre para coger los vuelos que se lían. Con 37º en Sevilla, la búsqueda de cualquier sitio con aire acondicionado se convertía en misión prioritaria, porque ni la sombra nos daba tregua.

Salón de grados de la Facultad de Filosofía primero, y la librería La Fuga después, y Titi Iris dejó claro que nunca hay que dejar de preguntar...y preguntarse; que seamos sinceros con nosotros mismos pero que, en realidad, la verdad desvaría...


viernes, 23 de abril de 2010

Mi día del Libro...

Me encanta el Día del Libro...bueno, realmente me encantan todos "los días de". Desde que me he levantado llevo dándole vueltas a mi libreta de notas literarias, que tengo libretitas para todo, buscando cuál es mi favorita...¡pero hay tantas!

Así que he decidido cerrarla, abrir el libro que me tiene enganchada no, yo diría que obsesionada...bueno tampoco, mis compañeros de clase dirían que lo siguiente; y disfrutar de una mañana creyéndome una más de la historia, como si sus personajes y yo nos conociésemos de toda la vida y me diesen los buenos días.

Entonces, ¿por qué intentar encontrar mi favorita? ¿por qué no simplemente una de las favoritas de ese libro que hace que no puedas esperar al momento de abrirlo de nuevo y que te tiene atrapada ahora? ¿una de esas por las que relees la página entera esperando sentir lo mismo que la primera vez que la leíste?

Trastevere

¿Para cuándo una de esas camisetas con I love Trastevere?


jueves, 22 de abril de 2010

Ni París, ni Amor, ni Travolta...¡nada!

La verdad es que no entiendo por qué mis compañeras de clase no quieren que vaya al cine con ellas. Y por qué dicen solidarizarse con el mundo en general, y del celuloide en particular, cuando me pongo manos a la obra con alguna de las prácticas de géneros de opinión…

"Dos compañeros, un agente secreto norteamericano y un empleado de la Embajada en París que no se conocen y deben trabajar juntos. Típico. Mientras el primero parece no salir de aquellos bares que frecuentaba con un grupo de moteros en Cerdos Salvajes, el segundo no se entera en ningún momento de que está en una película de acción.

Y es que Desde París con Amor es eso, acción y punto. Ni siquiera la vuelta de John Travolta (Charles West) y su conocida chulería te engancha. La trama es fácil. Primero se pone al espectador frente a un lío de acontecimientos sin conexión alguna, luego se paralizan y voilà!, la solución. Con el terrorismo y el narcotráfico de fondo, sobra hasta París como escenario. Es otra película americana en la que Travolta se desenvuelve con métodos poco ortodoxos ante la mirada atónita de Jonathan Rhys Meyers (James Reece), que pasaba por allí.

El vago intento del director Pierre Morel por intentar ser acorde con el título del film, no hace más que incrementar tus dudas acerca de si hay escenas que se han colado en la película o es tan simple que, hasta la última reflexión de Rhys Meyers, quien no ha hecho otra cosa que pasear un jarrón, parece demasiado profunda.

Si para tí, París es uno de los alicientes que te lleva a la sala de cine, ni te molestes. Hay documentales en youtube que recorren la ciudad con una mejor banda sonora.

Al menos, es una película acelerada en la que ni te pierdes, y es fácil seguir las carreras en coche y los disparos porque básicamente, eso es lo que hay. Un film para aquellos a los que no les haga falta un poco de credibilidad durante noventa minutos, mientras se dedican a comer palomitas y buscar a Rhys Meyers en la parte de atrás. Un flojo jugador de apoyo a Travolta, para ver si éste es capaz de sacar algo de la cinta".

martes, 20 de abril de 2010

Cuándo es la hora de irse a la cama

Remolonear. Nadie te ha enseñado a hacerlo, pero es algo que todos aprendemos y perfeccionamos con la edad.

La primera vez que lo pones en práctica es por instinto, y ni te acuerdas, te lo tienen que contar. Sentada en la trona, pruebas a ver qué pasa si el potito de frutas, (siempre con plátano, por supuesto), se lo come tu madre. Ella insiste en que lo vas a disfrutar con cada cucharada. Pero tú, con apenas dos años y una generosidad desbordante, piensas: "pues venga mami, disfruta tú. Te quiero tanto que no encuentro mejor regalo esta tarde que mi sabrosa merienda". No funciona, pero no te rindes. Dos patadas, la mano al cuenco, una gracia...y consigues que tu querida madre se haya comido dos de tus cucharadas. Ya irás perfeccionando la técnica y conseguirás que un día se empache tanto, que se le quiten las ganas de triturar tanto popurri de frutas.

Y en esto, llega el colegio y las 21h como límite para irse a la cama. Pero ya tienes tanta práctica, que podrías escribir un libro infantil para las futuras generaciones. Niños normales, no como tu hermano que se pone el despertador para acostarse, mientras tú empiezas a buscar centros de investigación para especies exóticas como éstas.

Primero un beso a mamá, luego vas a buscar a papá para darle otro, y vuelves con mamá para el abrazo. Y así, un rato. Llegas al cuarto y solicitas, cual princesa, un vaso de agua. Unos minutos depués, bien estudiados, vuelves a llamar para que cierren la habitación de trastos pero, otra vez con tanta generosidad, que les ahorras un viaje y les pides otro vaso de agua. No sabes si eres diabética, pero sigues teniendo sed. Al final, acabas cansada tú, cansando a tus padres y durmiendo sin darte cuenta.

Abril 2010. Universitaria de 23 años. ¡Por fin! Ya puedes remolonear con toda tranquilidad. Saturada de una semana eterna, decides que ese viernes te quedas en casa y te lo dedicas a tí misma: helado, cereales, el libro que te ha enganchado (uno más) y una película. ¿Y qué haces? Pues eso, remolonear. Es una actitud tan interiorizada que ya no eres la misma si no la prácticas, al menos, una vez al día. Te dices que son tres minutos, un par de e-mails y un repaso rápido a la actualidad que tienes aparcada. ¡Ay ilusa! Acabas a las 2 am, aún pegada a la agenda y poniendo en orden tus tareas para mañana.

Miras la cama con ojos consumidos por el deseo. Pero has de hacer honor a todo el conocimiento acumulado y te vas a lavar la cara, echarte crema, cepillarte los dientes...y, de repente, te quedas horrorizada y te das cuenta de que todo tiene un límite. Incluso el posponer las horas de sueño. El cepillo de dientes de tu hermano, (que de forma autónoma dejó sus prácticas infantiles y ahora está de fiesta), no sabes cómo, pero ha acabado dentro de tu boca. Ya no tienes fuerzas ni para gritar del asco y no hay marcha atrás, vas por el Oraldine.

Sí, es el momento definitivo de irse a la cama, intentar dejar esa manía tuya de remolonear, (sí, ahora es una manía de la que no me siento para nada orgullosa) y obligarte a repasar los colores mañana: el azul marino es más oscuro que el turquesa, y los matices perfectamente distinguibles. Esta tarde tengo un examen y yo, sigo aquí, remoloneando con el último tema. Pero prometo que ahora miro dos veces antes de empezar mi limpieza bucal.