miércoles, 31 de agosto de 2011

Un bolso en los archivos

¡Uhhh! Y esto, ¿qué hace aquí? Esto es lo único que salió de mi "yo dormida" cuando, después de abrir el archivo de inversión en AJ, me doy cuenta que hay un paquete naranja enorme. Reconozco que no fuí capaz de verlo a la primera. Hicieron falta varios cambios de nombre en "el supuesto expediene a buscar", para que yo centrara la vista en lo que en realidad querían que encontrara.

Un rápido y gracioso aperitivo después, sin discurso, -me negué-, cerraron mis cuatro meses de becaria en AJ. Se acabó esta etapa, empieza la siguiente. ¡Ánimo y fuerza!



martes, 30 de agosto de 2011

Color y azúcar en el buzón

Pocas cosas me gustan más que cuando alguien consigue sacarme una sonrisa a través del buzón. Casi siempre son los mismos. Recibir una postal me hace agradecer a esas mismas personas de siempre el acordarse de mí. A veces, me surge la pregunta ¿en verdad merezco a estas personas que me han tocado y que no se olvidan de mí, incluso cuando quieren desaparecer? Sigo sin tener la respuesta.

De todas formas, lo que yo quería deciros es que esta semana he recibido la carta más dulce que jamás me han enviado. ¡Y me da igual que engorde! Sandra, es todo un placer ser tu detinatario favorito.



lunes, 29 de agosto de 2011

Sira Quiroga

Madrileña. Niña de los recados en la calle Zurbano de la capital, que no compartió con mi padre porque ella llegó unos veinte años antes. A mi padre le tocó jugar al fútbol en Nuevos Ministerios. A ella, el inicio de la Guerra Civil y una posguerra ya, desde el otro lado de la Castellana. La milla de oro de Madrid se han empeñado en llamarla ahora. Para mí, hay muchas otras millas. Antes se escapó con su amante a Tánger, donde quedó encerrada hasta que en la península dejaron de matarse unos a otros por una sublevación estúpida. Aunque en realidad, cuando logró volver a casa seguían matando pero ya de forma callada y en un sólo sentido: de derecha a izquierda. Una vergüenza.

Es cierto lo que me dijo mi tía Maritere cuando le comenté qué novela estaba leyendo: "no supo acabarla". Pero aún así, a mí me ha gustado ver como entre costuras me sitúa en un Madrid antiguo, de cartillas de racionamiento ajenas para la protagonista, pero que conoce perfectamente ese Embassy plagado de nazis, que yo ahora frecuento. Pura consecuencia de mi lugar de trabajo; un banco alemán, por cierto. Sigue acudiendo la aristocracia de la capital, pero autóctona, nada germánica. Eso se acabó hace tiempo.

Me ha gustado saber un poco más de esos estrategas absurdos que fueron Serrano Suñer, Juan Luis Beigbeder o el propio Caudillo. Imaginarme la elegancia británica de Rosalinda Fox o el estilo cada vez más depurado de la protagonista, Sira Quiroga. Y no he parado de imaginarme a mi abuela Carmen cosiendo al igual que la protagonista, o que Doña Manuela, simplemente para ganarse el jornal. Me ha gustado leer sobre telas, diseños y un cine que nunca llegaba a una España empañada. En fin, he disfrutado acercándome a un Madrid que me queda lejos pero que sigue siendo mi casa.


"Nuestros destinos pudieron ser éstos o pudieron ser otros del todo distintos porque lo que de nosotros fue en ningún sitio quedó recogido. Tal vez ni siquiera llegamos a existir. O quizás sí lo hicimos, pero nadie percibió nuestra presencia. Al fin y al cabo, nos mantuvimos siempre en el envés de la Historia, activamente invisibles en aquel tiempo que vivimos entre costuras".
El tiempo entre Costuras
María Dueñas

domingo, 14 de agosto de 2011

Diferente es bueno

Elise: Me lo regaló mi madre. Quería enseñarme que las personas tienen dos caras, una buena, una mala; un pasado, un futuro. Y que debemos aceptar ambas cuando amamos a alguien.
Frank: ¿Cómo es?
Elise: Es...diferente a todos los hombres que conozco.
Frank: Diferente es bueno.
(The Tourist)

Imagina una glamourosa cena a orillas de cualquier canal de Venecia. Elise Ward, una imponente aristócrata inglesa, que escapa de París en busca de un amor que lleva guardado desde hace dos años. Uno que no ha olvidado. Frank Tupelo, un profesor de matemáticas americano que escoge por casualidad en el tren. Un primer vestido camel diseñado por la oscarizada Colleen Atwood, que podía haber sido el uniforme de Jolie durante todo el film, pero que no consigue alejar a la protagonista de su rigidez. La película no tiene más que este pequeño diálogo entre ambos. La literatura la pongo mejor yo, en mi cabeza de princesa escondida.

jueves, 11 de agosto de 2011

Estudiantes

El aburrimiento veraniego al que me veo sometida esta semana, que no tener ruido en casa se nota, me hace emocionarme con cualquier mensaje al móvil y más, cuando dice algo así: "Reserva 14,30h Residencia de Estudiantes. Parada Gta Gregorio Marañón". Es decir, voy a descubrir otro sitio de Madrid.

La visita a la Residencia de Estudiantes del CSIC ha sido bastante rápida. Es lo que tiene el agosto madrileño, que vacía la capital y echa el cierre de la mitad de sus locales. Jardines frondosos por los que caminar y edificios renovados para ver por fuera, al menos hasta septiembre. Y como ya hemos hablado, mi tía Maritere y yo, de volver a curiosear, hoy sólo os aconsejaré sobre lo que he podido probar: el Restaurante. 

Un menú del día con tres primeros, dos segundos y dos postres a elegir con un precio muy asequible. No tiene carta, o al menos no la hemos visto, simplemente un menú para la comida y otro para la cena. Un sitio moderno, con grandes ventanas y una atención bastante ceremoniosa. Un precio muy asequible y un ambiente tranquilo. No sé cómo será en pleno curso universitario.

Pero lo que yo quería enseñaros, -que al final me lío y mira que yo no tenía ganas de escribir mucho-, son unas palabras impresas en la primera hoja de un pequeño libro sobre la Residencia y que me han gustado mucho. Yo tengo mi experiencia argentina en este tipo de alojamientos, aunque supongo que el ambiente en los años en los que la Generación del 27 se alojaba en estas habitaciones es muy distinto del que existirá hoy en día. Aún así, algo de propio encuentro.

Las noches son de un silencio absoluto. En un cuarto se "hace" medicina; en otro, cálculo infinitesimal; en otro, legislación; en otro, historia; en otro, caminos, puentes, hacia la eternidad, versos.
José Moreno Vila, "La Residencia", Residencia, Año 1, Núm 1, 1926


Pepín Bello, Federico García Lorca, Emilio Prados y Juan Vincens en una habtiación  de la Residencia en 1924.