lunes, 15 de octubre de 2012

Optimismo

Quizás sea el verano en octubre, o quizás ese bronceado que todos me comentan. Quizás ese ¡qué guapa! que escucho estos días (consecuencia directa de ese moreno de piel, nada más), o quizás que hoy visto de rojo. Quizás se trata, simplemente, de descansar. Dejar de organizarse para cada día. Un alto en el camino. Quizás sea el ver que queda poco para el final, o el principio, quién sabe.

Y eso que hoy es lunes y vuelvo a la oficina. El café sabía más rico, siendo el mismo. Y aunque todos estaban igual de metidos en el trabajo que cuando los dejé, yo estaba tranquila. Dominando el lunes. Y si empieza el frío, yo sonrío, porque paseo ese bronceado con gracia.

Quizás sea que tengo la creencia de haberme aclarado. Sólo la sensación, porque te paras a pensar y es mentira. Una nunca cambia y sigue esperándolo TODO. Pero sonríes, porque el paisaje de Tenerife te lo dijo este fin de semana. Bien grande y con letras en blanco, mientras conducías por esa complicada carretera. Una declaración de intenciones muy clara escrita en la montaña que, desde ahora, trataré de no olvidar. Y aunque no sepa qué será de mi vida mañana, el mes que viene o en 2013, sigo tranquila; porque yo:



miércoles, 10 de octubre de 2012

Él te encuentra a tí

Sería una persona muy mala si os colgase directamente el vídeo de mi escena favorita de la semana. Porque obviaría cinco temporadas previas de muchas cursiladas y reflexiones profundas, os contaría (casi) el final, (al menos mi final) y os perderíais el crecimiento de todas las buenas parejas que se han formado. Ni siquiera voy a daros el nombre de la serie de televisión. Sólo tres pistas, tres cartas: es de hace bastantes años, es norteamericana y para adolescentes. Tres protagonistas: un viejo con experiencia, él y ella. ¿Que no os he aclarado nada?

Si cuando leáis el diálogo de la escena, os quedáis con la duda, no os preocupéis: Andrea y yo sabremos de lo que estamos hablando. Y no porque ninguna de nosotras haya conocido ese amor del que hablan, o quizás sí; sino porque las dos seguimos siendo unas quinceañeras que piensan que somos nosotras quienes les elegimos, y que estos momentos son posibles. Y algún día, llegan.

- Tres simples cartas, tres hermosas damas. Es muy fácil hijo, sólo tienes que elegir una.
- De acuerdo.
- Tú sigue a tu corazón.
[...]
- Aquí estás. ¡Vamos, anímate! Tres reinas, tres elecciones. Tú sigue al corazón.
[...]
- Elijo ésta.
- ¿Estás seguro?...Vaya, vaya...Parece que has encontrado a tu reina. No es fácil hacerlo. ¿Cómo has sabido cuál elegir?
- Siempre lo he sabido.
[...]
- ¿Qué has dicho?¿Qué siempre lo has sabido?¿Y eso?
- Lo siento. Disculpe. (Teléfono) Hola, soy yo. Estoy en el aeropuerto y tengo billetes para Las Vegas, ¿nos casamos hoy?
- Con que te casas.
- Eso espero, aunque no sé si llegará a aparecer.
- Seguro que sí. Quiero decirte algo, hijo: eso es lo más importante que hay, el amor. Encontrar a la persona con quien pasar la vida.
- Sé que he hecho la mejor elección.
- ¡Ja! Ya...te equivocas si crees que puedes elegir. El amor te encuentra a tí, no tú a él. Tiene un poco que ver con el destino, con la suerte, con lo que está escrito en las estrellas. Y mucho con el hecho de que las mujeres son más inteligentes que nosotros y más astutas. No tuviste la menor oportunidad, pero si quieres creer que has podido elegir, te diré que lo has hecho bien.
- ¿Por qué lo dice?
- Porque ella ha venido. Y desde luego, es preciosa.
[...]
- Eres un desastre, no puedes llamarme desde el aeropuerto.
- Ya sé que es una locura.
- Eres un desastre. Pero eres mi desastre. Y te quiero.

viernes, 5 de octubre de 2012

Publicidad para otoño


Yo no leo ese tipo de revistas, están llenas de publicidad y no valen lo que pagas por ellas. Quizás tengan razón todos los que aseguran que las revistas de moda están plagadas de anuncios de unas marcas que, además, no podrán adquirir nunca. Ni ellos, ni yo. Pero a mí, ver este tipo de fotografías, me gusta. Sí que es cierto que, de vez en cuando, te cansas de buscar texto. O de que para ver simplemente la publicidad de las grandes casas de moda, buscas en Internet. Pero insisto, sigo parándome a ver las dobles páginas con buenas campañas publicitarias. Aunque sea para inspiración, porque comprarme lo que sacan en ellas, imposible. También os digo, que acepto sorpresas. 

Para otoño 2012 son muchas las tendencias y diseñadores que me han gustado. Y entre ellas destacan:

Lanvin, porque como dice la propia campaña La gente corriente, vende. Algunos de los fotografiados por Steven Meisel, encargado de la campaña, tienen hasta ochenta años. No hay nada más que decir. ¿Es que una modelo veinteañera y esquelética tiene más fuerza que esta mujer?





Tommy Hilfiger, protagonizada por la propia familia Hilfiger, porque me imagino a la mía al completo vistiendo así, de caza y comiendo sobre mantas de tartan británico. Jamón ibérico y croquetas. Aunque sea siempre lo mismo. Por supuesto, yo llevaré sombrero.


Louis Vuitton, (también fotografiada por Steven Meisel) porque algún día espero que la casa de moda parisina me regale un juego de sus maletas. Y porque espero que viajar en avión vuelva a rodearse de ese glamour que tenía al principio. Y por sus sombreros, obvio.


Hermés, (por el fotógrafo Nathaniel Goldberg) porque sigo queriendo sus botas, sus guantes y su bolso Birkin en algún momento de mi vida. Y por qué no, este otoño. Por esa capa, por pasar de una estación a otra sin despeinarse y por su Time on your side.


Y cómo no, Dolce&Gabbana (por Guiampaolo Sgura), por llevar varias campañas centrándose en la familia. Vistiendo al abuelo, a la suegra, a la sobrina y al nieto. Y todos con esa clase italiana, con esa sonrisa y ese orgullo de exportar algo que les caracteriza: sus curvas, su pizza, su lujo algo ostentoso, sus calles empedradas y sus reuniones familiares multitudinarias.










martes, 2 de octubre de 2012

La tiara de Lady Mary

(Contiene spolierDownton Abbey / How I Met Your Mother) 

New season. Es lo que no paro de escuchar con cada nueva temporada que inauguro de las series de televisión a las que ya estoy enganchada. No me atrevo a realizar una ampliación, porque veo que me quedo totalmente ciega. Y los retrasos con las que ya son mías, además, me hacen sentir culpable. 

Con esta apertura de curso escolar, algo que no es para mí desde hace tiempo y que echo de menos, no inicio un cuaderno para los ejercicios y apuntes, sino que voy a intentar retomar aquellas entradas con mi escena favorita de la semana de una forma un poco diferente. Seguiré hablando sobre lo que más me ha gustado, emocionado u horrorizado dentro de mi adicción televisiva. Gracias a mi hermano y sus conocimientos piratas, una puede seguir con lo que le gusta. Comienzan los nuevos episodios. Un esfuerzo mental para recordar qué pasó en el último capítulo que recuerdas, porque verlos de nuevo generaría retraso, y te pones en marcha. Una a una, poniéndote al día.
 

Downton Abbey, serie dramática inglesa creada por Julian Fellowes, es de las que llevan pocas temporadas (tres) y que, además, sólo emite ocho capítulos por temporada. Un gusto, porque es breve y aparece cada seis meses. No es tan fácil olvidarse de lo que pasó como con esas que te dan veintitrés capítulos al año, que a veces ya ni recuerdas cuando Barney y Robin se comprometieron oficialmente.
 


Foto: seriesdebolsillo.com
La serie nos sitúa en el condado de Downton Abbey, Inglaterra, en el cambio que se produce en la vida de sus habitantes cuando el futuro heredero de las tierras muere en el hundimiento del Titanic (1912). El nuevo heredero, abogado de clase media y primo del Conde de Gratham, es llamado al impresionante castillo para ser informado de su inesperado futuro. En este momento, ya hemos pasado un primer año de enredos domésticos, un segundo inmersos en la Primera Guerra Mundial y cómo ésta afectó a las familias inglesas y sus diferentes estratos sociales. Ahora, comenzamos con una nueva etapa de paz y vuelta a la normalidad. 

Ya son tres los episodios emitidos de esta tercera temporada. He terminado con el primero en el tren de esta mañana, sin agobios por la actualización en curso. Buen comienzo, aunque aquí tampoco recuerdo compromiso matrimonial alguno, y lo dan por supuesto. Me hubiese gustado disfrutar de él, porque en realidad, lo esperaba. Sin embargo, no es propiamente una escena, sino una fotografía o vestido, mi favorita de la semana. Y no se trata del vestido, sino de una parte del mismo:
 la tiara y el velo que una de sus protagonistas, la primogénita de Lord Robert Crawley, Lady Mary; lleva a la Iglesia de Downton.

Un vestido de boda adecuado a los años veinte, con una clara inspiración monárquica, pues se fija en el modelo que lució la Reina Madre en su boda con el Rey Jorge en la misma década. Tono marfil y mangas vaporosas para cubrir todo el cuerpo de la novia. Pero es su tiara, junto con el velo, lo que me emocionó. La única de las joyas que lleva Lady Mary es una brillante diadema en forma de guirnalda creada por los artesanos de Bentley & Skinner, en colaboración con el propio equipo de la serie. Su precio es, la nada desorbitada cantidad de 125.000 libras. Por ese importe, me pido un par.

Foto: seriesdebolsillo.com

lunes, 1 de octubre de 2012

Ángel de la Esperanza


Casi un año después, acabé. En otoño del año pasado encontré un bonito cuadro para regalar a mi madre. Le encantó y me dijo que lo quería. Ella se encargaba de comprar tela e hilos, de enmarcarlo cuando lo terminase, pero el cuadro se quedaría en casa. Ya tenía incluso reservado el sitio en el salón. Empecé la labor con ilusión y estuve avanzando bastante rápido, hasta que llego el momento de bordar con hilo dorado, que siempre me frena. Pero por fin, este fin de semana terminé de perfilar la cara de El Ángel de la Esperanza. 


PD: Tengo un documento en .pdf con los esquemas, por si alguien se anima.