domingo, 30 de diciembre de 2012

Reloj para la cocina


Así comienza a crearse un reloj...




...y así se acaba. Regalo perfecto para una cocina que deja de estar desnuda.


viernes, 28 de diciembre de 2012

Harold Fry

"- En tiempos conocí a una muchacha. Era encantadora. Vivía en Tunbridge Wells. Fue la primera chica a quien besé, y me dejó hacer unas cuantas cosas más, ya me entiende. Aquella jovencita lo hubiese dado todo por mí, pero yo fui incapaz de darme cuenta. Estaba demasiado ocupado intentado labrarme un porvernir. Sólo años más tarde, cuando me invitó a su boda, me percaté de lo afortunado que era el tipo que acabó casándose con ella".

Estas no son precisamente las palabras de Harold Fry, protagonista de la novela que he acabado esta mañana, sino de uno de los caminantes con quien Harold se topa en su recorrido. Casi tres meses de viaje a pie por Reino Unido, de sur a norte, con algún que otro desvío. Desde su modesta casa en Kingsbridge hasta Berwick-Upon-Tweed, donde espera la callada Queenie, el motivo que él necesita para ponerse en marcha. Maureen, su mujer, le espera en casa. Como lo ha estado esperando desde que su hijo David irrumpió en casa por primera vez.


El insólito peregrinaje de Harold Fry es la primera novela de la actriz y guionista de la BBC, Rachel Joyce. Una de las obras más vendidas en Reino Unido que comienza en Kingsbridge con una tarea cotidiana, echar una carta en el buzón, para acabar convirtiéndose en todo un aprendizaje sobre uno mismo. Para quitarse el miedo a recordar, a dejarte acariciar por las historias de los demás y a no temer qué serán de esas personas que llegaron, te tocaron y se fueron. Porque en el futuro no sabes quién estará. Un duro recorrido para alguien como Harold, quien con el sencillo acto de caminar, consigue lo más difícil: perdonarse, descubrir sentimientos que creía no tener. Algo complejo que se alcanza con uno de los movimientos que mejor aprehendemos desde pequeños: caminar. Y es que ya lo dice el principio de la novela. Simplemente "la carta que habría de cambiarlo todo llegó un martes".

Gracias Maritere, una vez más, por tu recomendación.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Detalles para el día de Navidad


La predisposición para cuidar el detalle de mi tía Pilar es innegable. Busca lo sencillo pero lo cierra. Ella fue la encargada de sentarnos a la mesa el día de Navidad, de conseguir que después de los cuatro tipos de helados que tomé como postre, me entrasen un par de esos roscos de vino que cada año pone en su bandeja. La novedosa mermelada de pimientos rojos y un turrón duro que, ya sí, puedo confirmar que estaba bien bueno. Solomillos al Pedro Jiménez y una decoración manual hecha con cariño que entrará en casa de todos los comensales. Un año más y lo hacemos tradición.











martes, 25 de diciembre de 2012

Detalles de Nochebuena


Una mañana en la cocina con el temor de que las galletas que completaban el postre no saliesen bien. Un intento de rojo para algunas de ellas que se quedó en fucsia. Los bombones que "anuncia la señora de la televisión" (según mi prima Irene), o una mesa adornada con cava y flores. Unas pulseras para todos hechas por esa misma prima; preciosas, personalizadas y mejor que las que te dan en esos hoteles de todo incluido. Aunque sí, esta Nochebuena en casa lo tenía todo. Un menú muy pensado y una decoración que intentaba cuidar un poco más la mesa. A mano. La Navidad de las manualidades. Un Papá Noel generoso, al que se le complicó colocar tanto regalo en el espacio que habíamos dejado en el salón, pero que nos lleva de viaje. Mis primas tardaron en darse cuenta, ni se lo creían. Sara, la pequeña, no hacía más que meter la cabeza en el saco, y casi el cuerpo entero. Fueron algunos detalles de esta Nochebuena 2012 en casa.



 







sábado, 22 de diciembre de 2012

Taller de galletas en Nómada Market

El pasado fin de semana tuvo lugar en la estación de tren de Chamartín (Madrid), otra edición más de Nómada Market, una feria de diseño independiente que congrega cada año un número mayor de creadores. Además, imparten talleres, algo que yo descubrí cuando me suscribí a su newsletter. Yo no sé ya en cuántos sitios he podido dejar mi correo electrónico, pero en fin, algunas ventajas tiene. Como entrar en el sorteo y ser premiada para realizar el Taller de Decoración de Galletas Navideñas que Ideasdulces&Me impartía el domingo por la tarde. 

Un grupo de diez personas con muchas ganas de aprender algo rápido para adornar (más si cabe) la bandeja de dulces navideños. Yo prometo intentarlo para Nochebuena, pero no prometo un resultado tan bueno. Imposible, porque yo lo prepararé todo desde cero y aquí, me ayudaron bastante. Una profesora realmente simpática, por cierto.

Primero ensayamos sobre plantillas de papel, como la que pinta en la escuela primaria con los rotuladores. Pero más rico, porque si te equivocas, pasas el dedo y a la boca. Luego nos dejaron pasar a las galletas y dar rienda suelta a nuestra imaginación con tres colores básicos: blanco, rojo y verde. Y tres tipos de decoración, desde glasas líquidas hasta el fondant rojo y blanco, con el que yo me emocioné y casi le causo una hiperglucemia crónica a mi madre el día que decidió probarlas. Si queréis comerlo, creo que algo queda en mi frigorífico. 

Una hora que supo a poco, pero que resultó muy útil para lanzarme, con más confianza, a intentarlo en casa. A continuación os dejo el link del blog de Ideasdulces&Me, donde podréis cotillear las fotografías del taller. Además, podéis coger ideas para vuestros dulces o apuntaros a un taller si os interesa. Y aunque veréis cuánta concentración gasto cuando me pongo a trabajar en ese mismo link, os pongo aquí las fotos que dan fe de mi primera clase en la decoración de galletas. Y el resultado, por supuesto. Ricas sí estaban.





miércoles, 19 de diciembre de 2012

Recomendaciones no sólo para Teresa

Antes de irme, una compañera de la oficina me pedía que le recomendase libros para su hija de catorce años, Teresa. Yo oigo adolescente y me da vértigo. A esa edad yo creo que ni uno mismo sabe qué es lo que le gusta. Es todo, es nada o es la mitad. Y además, te da bastante igual. Menos mal que algunas como yo siempre supo que, si algo seguiría haciendo a esa edad, sería soñar con conseguir llegar arriba. Y leer, también seguí leyendo. 

En 2012 no he devorado tantas historias como otros años, pero creo que estar en posición de recomendaros cinco libros. Obras que no os dará tiempo a leer antes de acabar diciembre (o quizás sí), pero tenéis otros doce meses para hacerlo. Para estos y más.

La Historia Interminable del escritor alemán Michael Ende (1979). El libro es de mi madre, y fue ella quien nos sugirió su lectura a mi hermano y a mí. La verdad que no sé si Mario lo leyó, pero yo lo he hecho varias veces y sé que volveré hacerlo una y otra vez. Me encanta la división entre verde y escarlata. El mundo real y Fantasía. Un libro de literatura juvenil que empieza con Bastian perdiéndose en una librería y sigue con Atreyu intentando lo contrario, no perderse. Gracias a esta historia, llegué incluso a querer a su animal protagonista: Fújur, la versión gigante del perro de mis abuelos, Bugui. 

El extraño caso de Doctor Jeckyll y Mr. Hyde de Robert Louise Stevenson (1886). Un abogado que investiga la relación que podría existir entre un viejo amigo y un misántropo que recorre las calles de Londres. Y es que, no sé por qué, este año que viene me apetece curiosear esta ciudad. Dos personalidades enfrentadas. Breve historia en la capital británica. Fácil lectura sobre el trastorno de personalidad múltiple. Realmente buena. 

La Felicidad de Emma de Claudia Schreiber (2006) . Por no ser tan clásica y por hablar de alguna novela para mujeres. La leí hace varios años y aún me entran arcadas al pensar cómo su protagonista describía el proceso para hacer salchichas, una forma de ganarse la vida. Emma y Max se conocen por accidente, literalmente. Ella arruinada y él enfermo. Ahí comienza una tierna historia de supervivencia escrita por una periodista alemana.

La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne (1873). Otro autor recomendado por mi madre. Francés, lo que ayuda a practicar. Prefiero a Passepartout, aunque el protagonista sea una caballero inglés llamado Phileas Fogg, pero es más divertido escuchar al primero. Una inseparable pareja que empieza en Londres (¡dale con Londres!) y que, por culpa de una apuesta con los amigos de su Club de Caballeros, pasa por Nueva York, Shangai o Calcuta. Y a ti a viajar con ellos. Como apenas me gusta a mí eso de viajar. 

Y, cómo no, El Hobbit de JRR Tolkien (1937). La semana pasada se estrenó la primera parte de su versión cinematográfica (muy recomendable), con lo que el mundo de Tolkien vuelve a estar de moda. Una historia que fue escrita con la única intención del autor de entretener a sus hijos y que acabó por engancharme cada noche. Y eso que no he sido capaz de acabarme su novela más famosa, El Señor de Los Anillos. Llegaba de entrenar y, por muy cansada que estuviese, leía un capítulo más. Bilbo BolsónGandalf y un grupo de enanos. Ni ansias ilimitadas por un anillo, ni historias de amor que una quiere hacer propias ni envidia por no tener orejas puntiagudas. 

Si después de leer estas recomendaciones, aún confiáis en mí, fácil: pinchad en la etiqueta "Libros" del menú que veréis a la derecha o, si bajáis un poco más, parad en "Para vivir del cuento". Vosotros a leer, que yo escucho las vuestras.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Bienvenida Navidad

El lunes pasado mis padres volvían de una escapada de fin de semana a Jerez, la tierra de mi madre. Y yo quería darles la bienvenida con la Navidad instalada en casa. Llegué hasta donde pude, pero con un poco más de tiempo y ayuda, ya está preparada para todos.






domingo, 2 de diciembre de 2012

Palmeras en la nieve

"Esta noche os amaréis con desesperación porque sabéis que va a ser la última noche que pasaréis juntos. Nunca más volveréis a veros.
Nunca.
No será posible.
Os acariciaréis y os besaréis tan intensamente como sólo lo pueden hacer dos personas angustiadas, intentando impregnarse mediante el sabor y el tacto de la esencia del otro."

He tardado poco en leerlo. Empecé hace un par de semanas, bajo la recomendación de mi tía Maritere y su posterior envío por correo electrónico, simplemente para ver qué tal estaba. Me encontraba en medio de otra historia, entre Egipto y Australia, y al final abandoné ésta por los paisajes de una Guinea Ecuatorial como colonia española.

Una historia familiar. Y, a su vez, de parejas. Pasolobino y la finca de Sampaka, en la isla de Fernando Poo. Dos hermanos. Dos primas. Un colonizador que acude a trabajar en el famoso cacao y una enfermera. Ese mismo colonizador y su hija Daniela, una de las primas. Esa hija y Fernando Laha. O su prima Clarence e Iniko. Una familia inmersa en la nieve de una ciudad aragonesa de la provincia de Huesca, que se traslada a los paisajes exóticos que acaban por atraparlos a todos.
Luz Gabás quiere dejar claro desde su nota al final de la novela, que se trata de una historia de ficción, aunque con una base real en su propia familia. La muerte de su padre, colono de aquella época, inició a la autora en una aventura por recuperar los recuerdos de esos miles de españoles que se lanzaron a  la producción de cacao en una isla que les echaría, dos décadas después, por la independencia de 1968. Entiendo perfectamente ese sentimiento de los dos hermanos protagonistas, Jacobo Kilian, cuando se ven obligados a sufrir la distancia de aquello que les ha cautivado. De lo que han reconocido como su lugar en el mundo. Ya sea un corazón correspondido o la propia isla. 

Palmeras en la nieve es una novela que trata de contar, de una forma romántica y comprensiva, la historia de la colonización española de Guinea Ecuatorial durante un régimen franquista que, paradójicamente, buscaba una modernización democrática de la que sería la isla de Malabo. Un enfrentamiento entre negros y blancos que dará paso, una vez superado éste, a la incomprensión de las diferentes etnias de la isla, como los bubis y los fang. Unas pocas líneas para ese inmigrante guineano que llega en patera a Madrid, víctima de una historia política no superada. Y para Ösé, personaje que me ha encantado y sobre el que hubiese querido saber más. 

El final es bastante triste para cada uno de los protagonistas, pero supongo que es la forma que la vida tiene de establecer un equilibrio en cada familia. Supongo que las alegrías se reparten, al igual que los malos momentos o las tragedias. Y quiero suponer también, que la virtud de cada una de las familias está en la forma en que afrontan esos repartos. La novela me asusta, no sé lo que podrá tocarme a mí, sólo espero no llegar a ese sentimiento de arrepentimiento que reflejan los pensamientos de Kilian llegada su vejez. Supongo que es parte de la condena que han de sufrir quienes no se conforman con quedarse en casa, los que necesitan enamorarse de lo extranjero y de los que viven ese enamoramiento como se debe, con aspiración de que no acabe nunca.